Los equipos de electrólisis percutánea se han extendido de manera notable en los últimos años. Sin embargo, la electrólisis no es un descubrimiento reciente, ni siquiera sus aplicaciones terapéuticas. La electrólisis Fue descubierta en 1800 de manera accidental por William Nicholson, mientras estudiaba cómo funcionan las baterías. Las leyes sobre la electrólisis fueron desarrolladas por el célebre físico y químico británico Michael Faraday. La electrólisis es un proceso físico por el que se descompone una sustancia en disolución a través de la corriente eléctrica. Para que la electrólisis sea posible es necesaria una fuente de alimentación continua, una disolución iónica y dos polos (ánodo y cátodo), que atraen hacia sí los iones de signo opuesto.

La aplicación de la electrólisis con fines terapéuticos utiliza esta técnica para propiciar unos cambios físico-químicos en un tejido, en el que se induce su recuperación de manera natural tras la aplicación de la electrólisis. Para conocer mejor qué sucede, y para que el terapeuta conozca el funcionamiento de la electrólisis en el cuerpo del paciente, se propone una serie de conceptos necesarios para un acercamiento a la realidad de la electrólisis con fines sanitarios.

1) Primera ley de Faraday o primera ley de la electrólisis.

En primer lugar, es necesario conocer cómo se comporta la electrólisis. El físico y químico británico Michael Faraday observó y fijó las leyes que rigen la electrólisis.   Primera ley de Faraday o primera ley de la electrólisis: La primera ley de Faraday explica la relación directa entre la masa, el tiempo, la intensidad y las características intrínsecas de la disolución, el tejido en disfunción, en este caso. Su enunciado es:

“M=k Q.  La masa de las sustancias depositadas o liberadas en cada electrodo es directamente proporcional a la carga eléctrica (Q), siendo la carga eléctrica el producto de la intensidad por el tiempo.” M = k I t

Donde k sería el equivalente electroquímico de la sustancia (en este aso, el tejido que conforma el tendón en disfunción). El tiempo (t) es un valor fundamental en la electrólisis. Por esto mismo el dispositivo de electrólisis percutánea, EPTE® utiliza corrientes muy bajas, indoloras, pero como su acción se prolonga en el tiempo, el efecto se igual al de corrientes superiores en menor tiempo.

2) Qué ocurre durante la electrólisis.

El circuito de electrólisis cuenta con una fuente de alimentación continua y  dos polos (positivo y negativo) y por otro lado tenemos la disolución iónica conductora, necesaria para el paso de la corriente eléctrica entre los polos. En el caso de la electrólisis percutánea terapéutica, la disolución es el tejido en disfunción que vamos a tratar. El cuerpo humano está formado en un 70 por ciento de agua y un 4 por ciento de sales minerales, ello conlleva a que los tejidos biológicos se pueden considerar una disolución perfecta para la electrolisis. La fuente de alimentación está controlada por el dispositivo EPTE®, que cuenta con programación de intensidad y tiempo. El polo negativo es la aguja montada en el portaagujas (cátodo) y el positivo el electródo superficial de contacto (ánodo). Tanto el la aguja como el electrodo superficial actúan como polos que atraen a los iones de carga opuesta. El ánodo (electródo superficial) atrae los negativos, y el cátodo los positivos.

Esta atracción de iones de signo contrario y los procesos químicos de oxidación y reducción que suceden en las proximidades de los electrodos generan nuevas asociaciones moleculares, variando el pH del tejido en las proximidades de los electrodos.  En el ánodo (electrodo superficial) se reducirá el pH (acido), y en el cátodo aumentara el pH (básico), ambas variaciones de pH pueden producir una quemadura química, pero debido a la diferencia de superficie en contacto con el tejido, la concentración en el ánodo es mucho menor que en el cátodo, siendo despreciable el efecto en él.

3) Cuando aplicamos la electrólisis en el tendón en disfunción

Un tendón dañado, con una tendinosis avanzada, tiene un menor cantidad de colágeno tipo I y una mayor concentración de colágeno tipo III, de estructura no ordenada, que dificulta su recuperación. Aprovechando el efecto de la electrólisis, el terapeuta inducirá una inflamación en esa zona, y al cabo de poco tiempo, esto propiciará la recuperación del tendón. El acceso al tendón se hace mediante una aguja de acupuntura.

La electrólisis está de parte del «terapeuta», puesto que hace distinción entre tejido dañado y sano. La impedancia del tejido con tendinopatía es menor, produciéndose una focalización de la corriente eléctrica por el tejido en disfunción.

4) Cambios físicos por la electrólisis con fines terapéuticos.

La aplicación de corrientes galvánicas en el organismo produce cambios fisiológicos, que “podemos aprovechar desde el punto de vista terapéutico”, como destacaba el doctor Jorge Luis González Roig. Tras el desarrollo de los equipos de electrólisis percutánea, se trabaja con dos electrodos, uno excitador y otro “indiferente”. El electrodo excitador (cátodo), la aguja en este caso, es la que concentra en menor superficie mayor efecto debido a la gran variación del pH. El electrodo de mayor superficie, el electrodo de contacto superficial (2.500 mm2, en el caso de la EPTE®), amplia su zona de contacto para minimizar el efecto de la variación del pH. Debe estar bien sujeto a la piel, sin despegarse, porque ello modifica la resistencia a la que hace frente el circuito que cerramos con ambos polos al mismo tiempo que reduce la superficie en contacto aumentando la variación del pH.

5) Electrólisis segura.

Hay una serie de cuestiones que garantizan la aplicación de la electrólisis terapéutica con todas las garantías. En el mercado encontramos un dispositivo como EPTE®, homologado con el CE sanitario, que dispone de una serie de características y funcionamiento que garantizan la seguridad en varios aspectos. El objetivo es conseguir la electrólisis necesaria con el valor mínimo de corriente. La electrólisis es la aplicación de una intensidad de corriente determinada, durante un tiempo concreto, como explicábamos en la ley de Faraday. Podemos reducir la intensidad simplemente aumentando el tiempo de tratamiento.

  •  Reducir la distancia entre los polos (interpolar). Situar ánodo y cátodo a poca distancia (entre el electrodo superficial y la aguja)  evita necesitar trabajar con tensión elevadas para inducir la corriente  de tratamiento además de limitar los tejidos sanos afectados por el paso de la corriente eléctrica. En el caso de utilización de manubrios sujetos en la parte opuesta, algunos órganos vitales quedan en la zona de recorrido de la corriente entre polos (el corazón, por ejemplo).
  • Aplicación de corriente mediante rampa de entrada. El dispositivo cuenta con un control de la energía aplicada, y la corriente de tratamiento se alcanza con una rampa de doble pendiente.  De esa manera se evita una “sobreestimulación neuronal”, que provocaría una sensación de disconfort en el paciente. La densidad de corriente no cambia bruscamente, si no de manera gradual hasta alcanzar el valor de tratamiento, en un ascenso en rampa con incremento de 100 y 10 microamperios.
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