Las zapatillas con ruedines se han convertido en poco tiempo en un calzado habitual entre los más pequeños. Pero su uso no es adecuado para un niño ya que implica un mal funcionamiento del pie que con el crecimiento puede generar diferentes patologías podológicas. A continuación, os contamos cuáles son esas lesiones y cómo prevenirlas con un calzado adecuado.

Las zapatillas con ruedines las usan muchos menores. Este tipo de calzado se podría considerar más como un juguete que como un calzado normal que un niño pueda llevar durante toda una jornada de colegio. Cuantas más horas de utilización de las zapatillas con ruedines, existe mayor riesgo de padecer lesiones debido a su peso- más elevado que el del calzado normal-, a la altura del tacón, a la falta de flexibilidad y a la inestabilidad de los ruedines. Nos lo explica Alejandro Bayo, podólogo y osteópata en Centre d’Estudi del Peu y Profesor del postgrado de Patomecánica del Pie de la Universidad de Barcelona.

Alejandro Bayo podologo uso de zapatillas con ruedes en niñoz

Alejandro Bayo alerta de los peligros para el pie de uso de ruedinas

En primer lugar, calzar estas zapatillas con ruedines tiene un efecto similar en los menores al de llevar un tacón de entre 4 y 5 centímetros. «El hecho de llevar una rueda debajo del talón, entre otros aspectos, va a posicionar el pie en flexión plantar, incrementando la presión a niveles más frecuentes que pueden producirse con las zapatillas de ruedines están relacionadas «con el exceso de presión en el antepie, con metatarsalgia e incluso con fracturas por sobrecarga de un metatarsiano».

En cuanto al aspecto posterior del pie, «el acortamiento muscular y la enfermedad de Sever serían las lesiones más frecuentes al gastar zapatillas de ruedines». Otro aspecto importante es la inestabilidad del tobillo de este tipo de calzado, provocando hiperlaxitudes ligamentosas y los consiguientes esguinces de tobillo de repetición«.

La utilización de zapatillas con ruedines puede dejar secuelas importantes a largo plazo como una atrofia muscular intrínseca del pie y alguna enfermedad relacionada con el exceso de presión en la edad adulta. «El pie es muy complejo e intervienen muchos mecanismos sincronizados para obtener una marcha efectiva. Si limitamos el uso de ciertas estructuras músculo-tendinosas, el pie que está preparado para deambular no lo hará correctamente». De esta manera, puede dar lugar a una fascitis plantar, pies planos, enfermedad de Freiberg o artrosis degenerativas de las articulaciónes mediotarsianas por el hundimiento del arco medial plantar«.

Una investigación de la Universidad Miguel Hernández alertaba hace unos meses de los peligros de usar zapatillas con ruedines. En este estudio, realizado por el profesor Roberto Pascual, especialista en Podología Infantil, el 11% de los niños de entre 2 años y medio y ocho años y medio que participaron acudieron con zapatillas con ruedines. La investigación recoge que este tipo de calzado pesa más del doble que el deportivo normal y que aumenta la carga en el antepié un 40%. Además, la presión media sobre el talón es entre 1,5 y 2,7 veces más elevada con zapatillas con ruedines.  A partir de este estudio, el Consejo General de Colegios Oficiales de Podólogos pidió a los centros educativos la prohibición del uso de zapatillas con ruedines.

Ya se ha dado algún caso en que se han retirado las zapatillas de ruedines del uso normal de un niño como parte de un tratamiento de la enfermedad de Sever.

Para evitar estas patologías,Alejandro Bayo nos proporciona algunas pautas.  El calzado infantil ha de ser en primer lugar, del tamaño adecuado. «Para saber si el número es correcto, le pediremos al niño que con el pie dentro del zapato lleve los dedos adelante del todo e introduciremos nuestro dedo índice entre el talón y la parte posterior del zapato. Si no cabe será un calzado pequeño y no recomendable». Además, «el talón debe poseer una zona de contrafuerte que lo sujete durante la marcha y una parte cómoda y acolchada en la zona del tendón de Aquiles«. El otro aspecto esencial lo encontramos en la parte del antepié, «sujetando con una mano el zapato por el talón, con la otra mano empujaremos la punta del zapato para comprobar que se dobla por las región de los metatarsianos y no por el centro del zapato«.

De esta manera, nos aseguramos que el calzado es el correcto y podemos evitar lesiones en la edad adulta.

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